El Ritual de lo doméstico desde la mirada de Catalina Mena

La memoria implica en cierto modo un acto de redención; lo que se recuerda ha sido salvado de la nada…

John Berger.

 

¿Cómo ofrecer una mirada a lo ya tantas veces visto respecto al cotidiano? Es lo que se pregunta Catalina Mena al trabajar pacientemente sobre un selecto elenco de objetos traídos de su cotidiano doméstico. ¿Cómo hilvanar una posible lectura ante la belleza simple de esos objetos tejidos y luego condensados?, me pregunto al observarlos con detención y admiración. 

 

Hace ya unas semanas atrás asistí a una presentación de la artista en donde se anticipaba lo que hoy se muestra en las amplias dependencias de galería Moro, sin ser una extensión de las piezas que hoy se exhiben, lo observado en aquella ocasión sirvió de base para esta serie de interrogaciones en torno al cotidiano, la memoria y por consiguiente, a aquello que denominamos presencia y ausencia. Sin intentar desviarme de su trabajo presente, cuando por primera vez observé el meticuloso montaje de objetos hechos con cera depilatoria en esa exhibición, reparé en el carácter ceremonial de los fragmentos que iban armando la pieza y luego el conjunto, como si se tratase de un ceremonial mortuorio donde los fragmentos venidos del cuerpo iban dando forma a la ausencia de éste por medio de un vacío voluminoso.

 

Tal observación me hizo meditar en que más que los objetos evocados por medio de esas pieles convertidas en objetos, había aquí una sistematizada serie de “cajas” las que bien podrían ser asociadas a la noción de cofres o ataúdes por el carácter formal de su construcción, pero también porque habían sido realizadas con la materia residual del íntimo acto depilatorio. En otras palabras, Catalina Mena había convertido ese reservado ritual femenino en materia viva para construir objetos que aludían indistintamente a su piel y a la vez al cuerpo de los objetos que por ausencia habrían de contener.

 

”Cenotafio” es un vocablo que bien define lo que expongo, aunque el pensador Jaques Derrida es capaz de extraer de él su raíz cuando señala: “un cenotafio es una tumba vacía (kenostaphos, kenotaphion) para el cuerpo desaparecido de un desaparecido, desaparecido o robado, metido en el bolsillo si llega el caso -y arrebatado de un tirón- por algún carterista. Desaparecido es el sujeto.” (1) Sin embargo, lo que hoy observamos no son  estas esencias, son más bien una definida serie de trabajos que por medio de la trama de hilos tensados y luego pegados van amarrando el objeto que pronto partirá de nuestra mirada y cuyo volumen será aprisionado por esta red de tensiones las que nos proporcionará su presencia, ahora en estado de ausencia.

Durante una fría mañana de invierno Catalina Mena me visitó con la idea de retomar ese breve encuentro que había tenido con sus trabajos recientes hechos en cera, para que esta vez conversáramos sobre el espíritu que hoy inunda los trabajos expuestos. Debo decir que lo que más me llamó la atención de ese encuentro fue precisamente observar algunas de estas piezas hechas en hilo tensado, las que fueron emergiendo de una serie de bolsas para compras que la artista trajo consigo.

 

Este dato puso en mi observación nuevamente la noción de poner en escena los ritos de la vida diaria por medio de sus objetos, los cuales ante mi presencia comenzaron a emerger como si se tratase de una dotación de cosas ausentes las cuales clamaban por su presencia mediante el vacío de su contextura. O como ella me fue explicando; “la costura al ir atrapando el espacio, contiene el momento, haciendo que el ritual de poner la mesa se convierta en una escena.” (2) Un poco de eso me parece que hay en esta serie de obras, debido a que todos los objetos cuelgan evidenciando su construcción por medio de este intrincado proceso de amarres sobre su volumen, para luego desalojar su cuerpo y convertirse en una red vacía de toda presencia objetual. Como si con tal proceder la esencia misma de ese gesto tomase cuerpo ante nuestra mirada. Asunto digno de considerar al recorrer esta colección de elementos diarios que reclaman la partida de los objetos para completar el ceremonial doméstico.

 

 

Carlos Navarrete

Santiago, agosto del 2009

 

Notas:

1.- Jacques Derrida, “Orlas.” en “La Verdad en Pintura” Editorial Paidos. Buenos Aires. 2005. p.203

2.- Carlos Navarrete en conversación con la artista. Santiago. Agosto. 2009

 

 

 

The domestic ritual as seen by Catalina Mena

Memory implies a certain act of redemption. What is remembered has been saved from nothingness. What is forgotten has been abandoned.

John Berger.

 

How can one present an outlook of everyday life when so much has been already said on the matter? This is what Catalina Mena asks herself when patiently working with a selected cast of objects from her domestic everyday life. How may we intertwine a possible interpretation when we stand before the simple beauty of these woven and compressed objects? This is what I wonder when I thoroughly and admirably observe the objects.

 

A few weeks ago I attended a presentation by the artist which anticipated what is shown today in Moro Gallery’s spacious exhibit hall. What I saw then wasn’t an extension of the pieces shown here today, yet what I observed on that opportunity was meaningful for this group of questions related to everyday life, memory and therefore, what we call presence and absence. With no intention of changing the subject of the work we see today, when I first saw the meticulous montage of objects made with depilatory wax exhibited in the show, what came to mind was the ceremonial nature of the fragments composing not only the piece, but the entire group; as if it it was a funeral ceremony where the fragments of the body worked together to it’s shape absence by means of a voluminous void. 

 

This observation made me think that what was seen here was more than the objects evoked through the skins transformed into objects; here, we could encounter a systematized series of “boxes”; since they had been built with the residual material used for the intimate act of waxing could very well be associated to chests or cofins. In other words, Catalina Mena had transformed this reserved female ritual into the raw material used to build objects which indistinctly refered to their skin and to the objects’ body they would absently contain.

 

“Cenotaph” is a a vocable helpful to define this idea, though the philosopher Jaques Derrida defines it’s root when he states: “a cenotaph is an empty tomb (kenostaphos, kenotaphion) for the disappeared body of he who has disappeared, disappeared or been abducted, kept in a pocket  - tugged and snatched – by some pickpocket. Disappeared is the subject” (1) Nonetheless, these essences aren’t what we observe today. It is a well defined series of works that by means of a pattern of threads, tightened and stuck together, tie up the object that will soon abandon our vision and whose volume will be prisioned by this tense net; one which exposes it’s presence in a current state of absence.

 

During a cold winter morning, Catalina Mena came to see me with the idea of revisiting this brief encounter I had had with her recent pieces fabricated in wax, so that this time we could talk about the spirit that today overflows in her exhibited work. I must say that what drew my attention the most during the encounter was seeing how some of the pieces made in tightened thread resulted from a series of shopping bags the artist brought with her that day.

 

This piece information made me once again reflect on the idea of the presentation of everyday rituals through it’s objects, ones which right before my eyes began to surface as it it was about a crew of absent things, claiming for their presence through the void of their constitution. Or as the artist herself explained: “while the sewing contains the space, it also contains the moment, thus transforming the ritual of setting the table into a scene.” (2) I believe that this is present in this series of works, since the hanging objects expose their means of construction through this intricate process of ties surrounding their volume, to then vacate their bodies and become an empty net of objectual presence. It’s as if this process led towards shaping the very essence of this gesture. This is a matter worth having in mind while observing this collection of everyday elements, ones that claim the departure of objects to complete the domestic ceremony.

 

 

Carlos Navarrete

Santiago,  August, 2009

 

Notes:

1.- Jacques Derrida, “Borders.” en “The Truth in Painting” Paidos Editorial. Buenos Aires. 2005. p.203

2.- Extract from a conversation held between the artist and Carlos Navarrete. Santiago. August. 2009

 

 

 

Loreto Buttazzoni

Hacerse presencia desde la ausencia

 

Son varios los hilos de la reflexión que abre el trabajo de Catalina Mena. Por un lado está la fragilidad y vulnerabilidad del objeto que nos remite a una condición propia de los vínculos interpersonales de la vida contemporánea (1). Por otro lado está el destello estético con el cual la obra se nos impregna en la memoria evocando a veces las escenas del pintor holandés Johannes Vermeer en las cuales también es la luz la que se filtra suave y silenciosamente entre las labores de una austera y siempre diligente mujer.

 

¿Por donde partir entonces a entretejer los sentidos de esta enigmática y conmovedora instalación? Quizás haya que dejar seguir el hilo del pensar como bien lo sugiere la artista con el título, hilando fino. Una alusión a que todo tiene múltiples lecturas y que nunca acabamos de conocer lo que nos parece tan familiar. Como una mesa de domingo que espera a sus integrantes. Que los atrapa esta vez en el tiempo, en su huella frágil, en su pasar por el mundo y en el ser recordados como memorias singulares pero inmateriales.

 

Uno se pregunta por el tiempo invertido por la artista en hilar esta escena, en embarrilar esas decenas de tazas, platos y cubiertos. En conectarlas entre sí. Y quizás haya algo a-histórico en su proceder. Como ocurría en las culturas de la antigüedad para quienes el rito de embalsamar permitía conservar el alma, el espíritu del ser que se iba del mundo material. Como, ya en otro nivel, le ocurrió a Christo a fines de los años cincuenta, cuando comenzó a envolver objetos cotidianos con tela y vio que estos solo sobrevivían en la medida que su funcionalidad desaparecía para tornarse en arte.

 

¿Será esto lo que busca evidenciar la artista? ¿Un atrapar la esencia de lo vivido y  presentarnos la huella de las cosas suspendidas en el tiempo de una memoria ingrávida? ¿Será un recordar esos momentos en los que hemos creído que las cosas no cambiarán y que siempre estaremos contenidos por quienes nos rodean, como ocurre en una mesa familiar, con los puestos de cada uno siempre en el mismo lugar?

 

Como una alquimista la artista nos recuerda con una imagen casi fantasmagórica que todo es pasajero y que la esencia de lo vivido subsiste en la memoria de manera fragmentada y que se hilvana mediante algún destello (2) que la despierta y la devuelve a la vida como un regalo. Como lo que vemos: Una sublimación de lo cotidiano para encontrar el hilo que nos conduce a lo más profundo del espíritu humano: nuestra propia brevedad, precariedad y también levedad. Porque al igual que la taza que pende de un hilo, la vida y lo que recordamos de ella, también se alberga en un fino umbral entre la tierra y el cielo, entre la vida y la muerte.

 

 

1 Unmonumental, the object in the 21 st century, Phaidon, New York, 2007.

2 Bachelard, Gaston, La intuición del instante, Fondo de cultura económica, 2002.

 

 

 

Loreto Buttazzoni

Becoming present by means of absence

 

Catalina Mena’s work exposes several strands of reflection. On one hand, the objects’ frailty and vulnerability refer to the intrinsic condition of contemporary (1) life’s interpersonal relations. On the other, to the aesthetic flash with which the piece permeates in our memory; one which sometimes evokes scenes by Dutch painter Johannes Vermeer, where the smooth and silent light also filters through, setting a light upon the chores of austere and always diligent women.

 

Then where may we begin to interweave the significations of this mysterious and moving installation? Maybe the thread of one’s thought is to be followed, as the artist herself suggests with the title, the fine line. An allusion to the fact that everything has several possible interpretations, and that we never finish identifying what seems to be so familiar. As a Sunday table expecting it’s members. Only this time, they are trapped in time, in their fragile tracks, in their passing through the world, and in being remembered as singular, yet immaterial, memories.

 

One wonders about the amount of time the artist invested in weaving this scene, in bundling up dozens of cups, dishes and cutlery. In articulating them together. And maybe there is something ahistorical about it’s process. Similar to what occurred in ancient cultures for those who believed the embalming ritual led towards conserving the soul, the spirit of the person about to abandon the material world. On a different scale, by the end of the 1950’s, Christo began wrapping everyday objects with fabric, to then realize these would survive to the extent of their functionality fading and transforming into art.  

 

Is this what the artist is aiming to expose? A seizing of the essence of experience as to then present the traces of that which is suspended within a time belonging to weightless memory? Is it a recollection of those moments when we believed that things would never change, and we would always be supported by those around us? Moments such as those that happen at the family table, with everyone’s places always set in the same spot?

 

As an alchemist would, the artist reminds us through nearly phantasmagoric imagery that everything is temporary and that the essence of experience survives as fragments basted by means of a flash (2) that awaken and return her to life as a gift. Similar to what we see: A sublimation of everyday life to then find the thread of that which leads us towards the most profound aspects of the human spirit: our own brevity, austerity and lightness. Because just like the cup hanging by a thread, life and what we recall from it also take shelter in a fine threshold, one which lies between heaven and earth; life and death.

 

 

1 Unmonumental, the object in the 21st century, Phaidon, New York, 2007.

2 Bachelard, Gaston, La intuición del instante, Fondo de cultura económica, 2002.